Tuesday, January 23, 2007

FLASHBACKS


"So do all who see such times, but that is not for them to decide -all we have to decide is what to do with the time that is given us."


He de aclarar que desde que subí al avión y todavía dos días después de que aterricé traía lo que llamamos efecto post-Speak, que aplica para cualquier estado que rebase una simple cruda, porque implica más que un dolor de cabeza, es todo un estado físico, espiritual y mental que dura mucho y tiene varios momentos, es como una montaña rusa.
Bueno pues este estado sumado a la intensidad de siempre de regresar a México más la energía que sueltan las fiestas navideñas más la familia más este reencuentro conmigo mismo que estoy viviendo y que ya lleva como un año me llevaron a vivir de manera diferente este último viaje a México. Tal como se lee a continuación:

Cena de navidad-despedida con la Rooms antes de subir al avión pa que no sintiera porque no hubo cena de navidad porque ah caray como es sentida la Rooms.

Subida al avión con estómago deshecho y el cerebro pegado. Pensamientos fotográficos en alta velocidad de Mimi en Cali.

Vuelo intenso, primero muy enojado con los pasajeros de al lado. Mi estómago reclamándome el haberlo forzado a todos los excesos del último mes. Luego, el arrepentimiento, la realidad. El paisano regresando a su tierra a guebo.

La llegada con ilusión otra vez. El aeropuerto de siempre. El sentimiento de paz. Las caras conocidas. El oficial de la aduana con cara de enojado y serio pero con ojos de ahorita saliendo nos damos una chela. La cara todavía de Fox dando la bienvenida a todos los paisanos y la gente riendo con un poco de cinismo, un poco de coraje y un poco de lástima por el tipo de las botas que con los brazos abiertos se despedía del sexenio más gris en la historia de México.

Carrera veloz después de recoger mis maletas a la fila con menos gente. El norteño con un sobrerote que delante de mí tenía que abrir sus maletas muy molesto, porque le había tocado luz roja.

La llegada, los abrazos. Las caras de felicidad por todos lados. Mis papás más viejitos pero más felices. La navidad en pleno. El aeropuerto hecho un desmadre. Ninguna máquina de prepago funcionando. Una larga fila de autos para dejar el estacionamiento. Una muestra más de la tibiez de nuestro expresidente, con un aeropuerto cada vez menos funcional, igual que la ciudad y que casi todo el país. Un aeropuerto a punto de explotar.

Mis hermanas, una por una, mis sobrinos. La casa. El mercado de mi abuela. Los sopes que nunca comí. Los tacos de Luz Saviñon.
Mi hermano, sus hijos. Toda la familia. Angeles en Italia acompañando al Evil. Una llamada de los dos bien pedos. La Nona enferma.

La Rooms llegando. El encuentro inesperado con su broder. Tacos, chelas. A la siguiente mañana un café, una buena plática de las que ya no acostumbro con la Rooms. Coyoacán y la falta de lana. Carencia que duró todo el viaje. Luego pensé que me caga viajar así, que no hay necesidad. No es comprar por comprar, es pasarla bien. Invitar al gente, comer de todo. No hice nada.

Esa noche, la fiesta de los Rodríguez. Siempre llena de ganas, de ilusión de vernos y abrazarnos y platicar de lo mismo, decirnos cara a cara lo que ya sabíamos desde antes. La boda de tal, el embarazo del otro, el viaje de aquél. Al final, todos juntos y con ganas de vernos mucho. Todo queda en un plan para cenar después de navidad. Renato y yo queremos seguirla pero la responsabilidad nos llama. Bueno a él lo llama su mujer, a mi, no sé, las ganas de estar siempre atento y lúcido con mi familia.

De mañana otra vez, la Rooms se va preocupada porque el Diego no llegó por guey. Es el festival de mi hermana, Kayosama. También del pelón que será hombre nieve. Todo igualito a cuando yo bailaba y decía un poema. Igualito a un día de las madres o un festival de fin de año. Las mismas mamás arregladísimas y pintadísimas o las menos, más mamás, con familias numerosas. Todas igualmente gritonas. Todas quieren que sus hijos sean estrellas. Durante unos minutos que dura cada número de cada niño la mamá, el papá o los abuelos se imaginan al pequeño actor cumpliendo sus sueños de grandeza, de fama, de lo que ellos no pudieron hacer. Durante unos minutos los invade la soberbia, el todo lo puedo, y se imaginan a ellos mismos abrazando a la cachetona protagonista gritando en el Titanic: I'm the king of the world. Supongo que sólo siendo papá lo sientes porque por mucho que amo al Pelón, sólo me dio gusto, emoción pero nada más.

Desesperación con el Chupirul porque a tres días del bautizo del Frijol, no tenía ni iglesia ni madrina ni nada. Luego un ritual muy chistoso y de mal gusto. Escoger el camisoncito para el bautizo del Frijol. Tenemos el estilo Papa que es más moderno que el tipo Cardenal, mire es el último que me queda y le regalo la toallita. No aguantaba la risa de los nombres y diseños de los ropones. Todo un mundo y un negociazo. Para usarlo una sola vez. Los recuerditos y todo lo que acompaña a dicha procesión.

La navidad. Los regalos. La cena que tardó. El intercambio, las fotos. Mi papá despidiéndose porque se caía de sueño. Las llamadas a Mimi, el Gordo y la banda. Una llamada tarde de Angeles. Un juego de mesa que nos despertó y nos ayudó a aguantar hasta tarde.

La mera navidad. Mi papá en los toros. Nosotros comiendo rico en casa de María de Lourdes, así porque dice que Lulú ni que fuera niña chiquita. Y todos sin saber que decir después de 70 años de ser llamada así.

El 26 muy temprano la manejada y el comienzo de un viaje relámpago. Literal, porque entre mi jefe y yo le pisamos durísimo en una carretera mucho mejor cuidada de lo que pensaba. Un Estado de México igualito y muy diferente al mismo tiempo. Lleno de negocios grandes. Nada más cuatro Home Depots entre Echegaray y Valle Dorado. Moteles, bares, restaurantes, grandes plazas. Muchísimo dinero invertido y mucha gente gastando. Los créditos a todo. Haciendo su agosto. La gente gastando.

La llegada a Celaya y un frío de la chingada. El desencanto por un pueblo que seguramente cuando lo era, tuvo una mejor vista pero que ahora, convertido en pequeña ciudad y alcanzado por el progreso, se ve sucio, maltrecho como si en vez de ciudad en crecimiento pareciera que está a punto de desaparecer, como muchas más. Un bautizo express pero muy sentido y con lo dedos cruzados al jurar ante el altar. El Chupirul y yo "jurando" que decíamos que no al mal, que rechazábamos el pecado y al demonio. Basto una mirada para saber que pensábamos en lo mismo, en que no dejaríamos de ir al Speak, ni de hablarle al Evil ni al Alcazar ni al Paul ni al Vito. Que llevaríamos al frijol siempre por el buen camino y apenas tuviera edad y después de haberse decidio por irle al Atlante, lo llevaríamos al Speak. Comida. Un hermoso Frijol. Un bolo que nunca se dio más por necedad mía que por falta de monedas. A mí nadie me dice qué hacer, a menos que yo así lo decida.
Una medio peda en un medio bar con una media música.
Un viaje aún más relámpago a San Miguel y una veloz huída por la puerta trasera al mejor estilo de Charles Bronson en Death Wish.
Y como el mismísimo Halcón Milenario, le metí tercera pa no meterme en pedos y en tres horas estaba en casa de mi prima, en una cena que se ha vuelto una buena costumbre y donde hizo mucha falta Paula, la esposa de Renato, porque el primo tuvo un acceso de mamitis-paipitis-machinitis-hijitiz que nadie aguantaba.

Otra huida a casa. Siempre el gusto de ver a los Rodríguez Uribe, a todos y sorpresivamente a Marifer. Los chismes de siempre. Los malos de siempre y los gandallas de siempre. Y la familia siempre unida.

De ahi, el fin de año, el comienzo de la despedida. Siempre pegado a Karla, haciendo todo juntos, con ganas de que fuera mi hija. La película de los guebos como diez veces a pedazos. Con Karla, una ciudad a la que le basta el Teletón. Unas plazas muy modernas pero sin acceso para sillas de ruedas. Unos cines muy VIP's y donde venden hasta whiskies y vodkas pero donde tienen un sólo lugar para una silla de ruedas, hasta el frente. Unos camiones y un metro imposibles para alguien que no camina. Una banquetas pequeñas para cualquier peatón y cada vez más casa al rededor, donde antes había una casa como la de mi abuela, ahora hay un edificio con veinte departamentos y estacionamiento para 5 autos. Lógicamente, los otros autos de cada familia se estacionan en la calle. La gente, estacionándose en los lugares para minusválidos, dando dinero para el teletón parta que alguien más se haga responsable por esa gente. Peleándose por un lugar en el elevador o un asiento en el metro o en el cine. Luchando por lo que sea, sobre todo si es gratis. Impasible, muy crítica, muy quejumbrosa, muy consiente, muy lectora del Reforma, muy politizada pero muy lenta, muy dependiente. Ellos, en lo mismo, en el futbol, en la chela, en esta nueva estrella de la música pop que sale cantando en ropa interior y que la neta se ve buenísima. Ellas esperando a su príncipe azul soñando con una vida como de Sex and the City pero nunca dispuestas a vivirla realmente. Los mismo aquí que allá. De pronto vuelvo a ver a Mimi, y a mis hermanas y me basta para calmar mi repulsión ante tanta banalidad.
El mismo México y la misma gente aquí y allá. Nada mejor ni peor. Sólo cambian algunas cosas, cada vez nos parecemos más.

Una salida con el Gordo, el Chapulín, el Pato, Marcela y la GluGlu. Una buena peda, una buena comida, muy mala música y un reencuentro con Cynthia. Muchos brindis y poca plática, con el Pato nada, algo que nos debemos. Con el Chapulín, lo más y poniéndome al día sobre el Gordo. Luego brindis tras brindis con el Gordo. Alrededor, casi todos los que votaron por el Pan, agradeciendo que vivieran en Satélite, su vida de wanabees, de soy mejor que los demás pero no mejor que los otros, de quisiera tener más lana, de que buen carro tengo, de llámenme licenciado.

Los negocios del Pollo y una buena dosis de egocentrismo e ignorancia. El año nuevo en su casa y lo que parecía una noche perdida resultó uno de los mejores fines de año. La familia junta. Una cena deliciosa, la neta. Y a la hora de los abrazos y las uvas, harto cariño. Mucho amor y también mucho dolor, por lo ido, por lo que viene, por lo que es. Porque no estoy. Porque no están ellos. Los ojos de Karla diciéndome no te vayas y yo abrazándola queriendo encontrar un pretexto para no terminar la escuela, dejar todo y regresarme a México. Nunca lo encontré, quizá porque ya no tenga pretextos, quizá porque nunca lo ha habido y siempre he huido y sea tiempo de tomar decisiones responsables.

De ahí para abajo, queriendo contener lo que venía. Los últimos días abrazando a Karla y haciendo del Místico con el Pelón. Una despedida intensa y muy dolorosa y dejando a todos muy solos.

El regreso, la escuela, una semana muy ocupada y un despertar hasta que el Laberinto del fauno. Gran poema de Guillermo del Toro que nada tiene de cuento de hadas. Una historia muy fuerte que no me hizo nada bien verla en ese estado en el que seguía después de abandonar México. Pero tan llena de alma que dan ganas. Una dirección perfecta y una historia dura, cercana, violenta, como el México donde acababa de dejar a Karla o el Nueva York al que acababa de llegar, pero sin fauno.

Si no tienen nada que hacer vean la de Cuarón, Children of Men. También la pueden esperar para video. Está buena a secas. Si aprovechando estos fríos van a rentar, búsquense algo para comenzar el año positivamente. Se antoja King of New York de Abel Ferrara, Dobermann, más afrancesada o de plano para disfrutar al Negro, Amores Perros.

Que tengan una año con chamba y salud y con Atlante campeón.

Se bañan.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home