SEX AND THE CITY
Las formas sobre los fondos. Está claro que estamos hechos de todo lo que recibimos del exterior. De los medios, la gente, la calle, nuestras casas, la escuela, la religión. De ahí vamos tomando cosas, las que nos convienen, las que se van acomodando a nuestra vida y a cada momento. De ahí vamos decidiendo lo que es bueno lo que es malo, según nuestras creencias y principios, si es que los hay. Y es aquí donde comienza el problema. Uno cree que de verdad tiene principios, que tiene ideas muy definidas del bien y el mal en el mundo y de lo que uno es capaz de hacer, de ahí nuestra seguridad (e inseguridad) para juzgar, para dar juicios de valor, para decir quién es mejor que otros, para descalificar, para sentirnos que estamos en el camino correcto y comparados con los demás, somos más felices y tenemos una vida mejor.
Como digo, el problema comienza porque este valor que le damos a lo que hacemos muchas de las veces está depende justo de esa comparación, aceptación de todo el alrededor. Nunca nadie sabe por qué estamos más felices en Nueva York que en México, porque unos pueden ser o hacer cosas aquí y no allá, porque aquí se sienten más libre y menos criticados. El chiste es que nos la creemos. Y las cosas siguen pasando así nomás, sin darnos cuenta del pedo. De esta forma, hay mujeres que se siguen creyendo el cuento. Que ven Sex and City como un lugar donde quisieran estar, que se imaginan tirándose al hombre que conocieron en ese lugar super cool donde hicieron brunch el domingo pasado. Se imagina así de libres, de seguras, de aventureras. Se imaginan dueñas del mundo, escalando puestos, caminando en tacones y con abrigos caros por las calles de midtown. Teniendo una gran cena y no engordar. Estar siempre joven y en buena forma. Platicando de ese sexualidad plena y divertidísima con las amigas donde no existe el remordimiento ni la culpa ni las dudas y mucho menos el mal sexo.
Es interesante que las nuevas generaciones de mujeres, las que ya nacieron sin hacer ninguna revolución sexual, las que ya no tiene que saber cocinar ni coser para sus hombres, las que no están dispuestas a quedarse en casa con los hijos porque son mujeres modernas y si no trabajan, por lo menos se salen a tomar un cafecito con las amigas y van al gym y sus clases de yoga o de pilates. O hasta tiene un trabajo pero no muy agotador ni muy demandante porque al final son amas de casa y tampoco están dispuestas a sacrificar a su familia.
Las formas sobre los fondos. Se siguen creyendo todo eso y al final, basta alguien que les haga ojitos para volver a la misma vida de la generación de nuestras madres nomás. Después de mucho viajar y mucho estudiar y muchos sueños, les puede más ese sueño de toda mujer. Jaaa. Hasta ellas lo dicen así: es que toda mujer sueña con casarse. Por qué? Nadie lo sabe explicar. Pero la presión ahí está. Les llega un momento donde esa forma, no el fondo, hasta les duele. Tiene que casarse, si no, no valen. Como el guey que tiene que tirarse a muchas o ver el futbol y echarse chelas y eructar o el que tiene que llegar muy alto en su carrera o le tiene que hablar fuerte a sus empleados o tiene que ser un triunfador. No importa el verdadero motivo de la boda, no importa la relación con la pareja. Nooo. Lo que importa es casarse. Porque así nos enseñaron, porque si no qué van a decir, o quien sabe porqué pero hay que casarse. Y al final esa mujer triunfadora, dueña del mundo, protagonista de sex and the city, se vuelve bety la fea y es rescatada por ese apuesto galán y son felices por siempre.
Afortunadamente en algunos casos y no tanto en otros, me he dado cuenta que no importa, cuando veo a las mujeres que me rodean, incluyendo a mi mamá que está a punto de cumplir 40 años de casada y que siempre, al igual que mi papá, supo lo que quiso, sé que importan más los hechos que las intenciones, que hay que ir al fondo de las cosas, que vale la pena pensar mucho y saber realmente por qué se hacen las cosas y dudar de todo, y de uno mismo para luego estar seguro.
Y dudo de todo, de las bodas, del amor, de las personas, de los de arriba y los de abajo, de los religiosos y de los ateos. De Fox haciéndose el pendejo y dándole un nobel a vargas llosa y cambiándole la nacionalidad o de su mujer cambiándole el sexo a Rabindranath Tagore, de la lucha anticrimen de este presidente, de la lucha social de AMLO. Todo el mundo habla de eso, los critica, se pelean. Y las cosas siguen igual, los precios subiendo, la gente matándose en el sur del país, otros muriendo al querer pasar la frontera. Porque si estás gordo o feo o no bailas, eres un pendejo o un naco. Porque la gente sigue llena de miedo y en vez de afrontarlo, mejor nos buscamos nos ayude a sobrellevarlo y esconderlo, aunque nos acepte a medias, pero que nos ayude a dar la cara a la sociedad. Porque importan más las formas. Porque nos sigue haciendo ilusión una gran boda por encima de todo lo demás.
Si tienen tiempo, vean Una Familia de Tantas de Alejandro Galindo, donde de disfruta, como siempre, a Don Fernando Soler y donde el maestrazo David Silva hace de Fernando del Hierro. Su nombre lo dice todo. Pero sobre todo se disfruta que la peli sea tan actual. Se verán en ella y se darán mucha risa. Ahí por lo menos la protagonista tenía 16 años o algo así. Aquí luego tenemos 30 y las cosas siguen igual.
Se bañan

1 Comments:
Cabrón, no se lo que estas consumiendo o dejando de consumir estos días, pero llenas de netas muy chidas tu espacio. Por acáestamos peleando con un par de ataduras y miedoa antes de lanzarnos al tour mundial, quizá muy pronto estaremos en tu ciudá.
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